
Lo siguiente es un informe sobre el contexto de organización en el área metropolitana de Dallas–Fort Worth (DFW), a la luz de la represión política que rodea —aunque no se limita— a las y los acusados del caso Prairieland. Este texto surge a partir de la invitación que recibimos para dar a conocer[1] la organización anti-ICE en Chicago y en DFW por parte de compañeras de la okupa feminista Zizania en Atenas. Al final ofrecemos las mejores formas de entregar nuestra solidaridad a las y los Prairieland Defendants, aunque el sitio web de apoyo más actualizado puede consultarse en prairielanddefendants.com. Asimismo, recomendamos ampliamente compartir la versión en fanzine de este informe, disponible aquí[2] en formatos carta estadounidense y A4.
El caso Prairieland es un caso de represión política derivado de una protesta en solidaria con las personas detenidas por ICE, ocurrida el 4 de julio en el Centro de Detención Prairieland, en Alvarado, Texas, al sur de Fort Worth. Actualmente hay 18 personas acusadas que enfrentan cargos estatales y federales con consecuencias que podrían cambiarles la vida. Todas menos una continúan bajo custodia, retenidas con fianzas de varios millones de dólares y sometidas a condiciones horribles. Las acusaciones del gobierno son absurdas y la respuesta policial ha sido extrema, lo que deja en claro que se trata de un esfuerzo por criminalizar la disidencia, en sintonía con otros casos de alto perfil en Spokane, Portland e Illinois. El caso ha sido utilizado reiteradamente por la administración Trump y sus aliados como un ejemplo de la supuesta violencia de “antifa”.
¿Qué sabemos?
- El 4 de julio se realizó una noise demo (protesta sonora) en el Centro de Detención Prairieland, en solidaridad con personas detenidas por ICE.
- En total, 18 personas han sido arrestadas y acusadas de diversos delitos. Nueve fueron detenidas esa misma noche y otra más al día siguiente, durante un cateo a una vivienda.
- La pareja de una de las personas acusadas fue arrestada y acusada a nivel federal por obstrucción a la justicia, con base en la “evidencia” de una caja de fanzines anarquistas encontrada en su automóvil.
- Una persona que la policía cree que estuvo presente en la protesta fue detenida tras una cacería de diez días, durante la cual fueron arrestadas otras seis personas. Una de ellas fue acusada de manipulación de pruebas físicas por haber eliminado a alguien de chats grupales.
- Personas cercanas a las y los acusados tienen razones fundadas para considerar absurda la narrativa del Estado, a partir de su conocimiento de las personas imputadas y de las declaraciones que estas han hecho desde su detención.
- Al 13 de noviembre, diez de las personas acusadas han sido agrupadas en una sola acusación formal (indictment) con un total de doce cargos. Otras siete enfrentan cargos por separado mediante information.
¿Qué alega el Estado?
- El Estado sostiene que, hacia el final de la manifestación, una persona disparó un arma de fuego contra un oficial de la policía de Alvarado. Presuntamente, el oficial resultó herido en el cuello y fue dado de alta del hospital pocas horas después.
- La fiscalía afirma que se trató de una emboscada coordinada, planificada por todas las personas presentes. Sostiene además que el objetivo de la cacería policial y único acusado de haber disparado, Benjamin Song, fue ocultado por varias personas.
- El Departamento de Justicia (DOJ) afirma que las personas acusadas forman parte de un movimiento ideológico violento al que denomina “antifa”. Como prueba, cita fanzines, retórica política y prácticas comunes entre activistas, como el uso de Signal, vestir de negro y ejercer sus derechos al momento de ser detenidos. También presenta como evidencia la imprenta encontrada en el garaje de dos de las personas acusadas, utilizada para imprimir libros para pequeñas editoriales de izquierda.
— Tomado del FAQ de apoyo en dfwdefendants.noblogs.org/resources/
El Centro de Detención Prairieland, ubicado justo al sur del área metropolitana de Dallas–Fort Worth, es una de las instalaciones de detención más recientes de ICE. Al retener a personas migrantes secuestradas y facilitar sus deportaciones, ICE puede llevar a cabo la represión de los enemigos políticos internos del Estado. Por ejemplo, la instalación de Prairieland detuvo a Ángel Espinosa Villegas,[3] un anarquista que participó en el Levantamiento por George Floyd y que fue deportado a Chile a principios de este año; asimismo, al momento de redactar este texto, continúa reteniendo a Leqaa Kordia,[4] una participante palestina de las protestas del campamento en Columbia.

Como se menciona en el FAQ citado, esta fuerte represión contra las y los Prairieland Defendants está siendo presentada por el gobierno de Estados Unidos como su primer caso legal contra “antifa”. Des Revol ha sido acusado por “ocultar de manera corrupta un documento o registro” por presuntamente haber trasladado una caja de fanzines, etiquetados por el gobierno como “materiales antifa”, desde el domicilio de su cónyuge. Actualmente se encuentra en prisión federal junto con otras personas acusadas mientras su caso avanza, y es probable que posteriormente enfrente un proceso de deportación.[5] Además, se llevó a cabo un segundo cateo, encabezado por el FBI, en el domicilio de dos de las personas acusadas, específicamente para incautar la impresora del taller gráfico. El FBI justificó esta incautación alegando que el taller doméstico era utilizado para imprimir y distribuir materiales “antifa” y otros materiales “subversivos”. La represión de la edición y la publicación anarquista no es, por supuesto, algo nuevo; sin embargo, este ataque contra la libertad de expresión, en conjunto con la detención del 7 de octubre de un beneficiario local de DACA de origen filipino, Ya’akub Ira,[6] específicamente por su defensa de la liberación palestina, anuncia vientos preocupantes para el entorno represivo que actualmente se despliega.

Dejando de lado el discurso molesto y mal informado sobre “antifa” en las redes sociales estadounidenses, la importancia de esta maniobra legal no debe subestimarse. Texas se encuentra dentro del circuito federal más conservador del país, el Quinto Circuito de la Corte de Apelaciones, el mismo que llevó ante la Suprema Corte el caso que terminó por revertir Roe v. Wade, así como el intento de impulsar un caso para prohibir completamente la mifepristona (conocida como la píldora abortiva) en Estados Unidos. A nivel burocrático, este tribunal también se aparta de los estándares habituales en la depuración de su carga judicial: sus casos se procesan a un ritmo mucho más acelerado que en otros tribunales federales del país. De hecho, abogadas y abogados ya han expresado su sorpresa ante la velocidad de las acusaciones formales y de las audiencias, y de acuerdo con el Comité de Apoyo DFW, el primero de los juicios comenzará a inicios de enero.

Para empeorar el panorama, los tribunales locales de Fort Worth ya se han sentido envalentonados para volver a procesar a defensores organizados de espectáculos drag de izquierda, como Chris “Big Tex” G,[7] después de que sus primeros intentos fracasaran; además, la ciudad vecina de Arlington —la verdadera ciudad sede de las semifinales del Mundial de la FIFA y del estadio de los Dallas Cowboys— se ha convertido en una de las primeras en revertir protecciones antidiscriminatorias para personas LGBTQ.[8] Mientras que en Chicago se enfrentan a secuestros directos por parte de ICE, su justificación legal, junto con una represión más intensa, bien podría provenir de esta región.
Todo esto, por supuesto, se inscribe en un contexto más amplio. Texas es célebremente un bastión de la política de derecha y un laboratorio para la experimentación de políticas conservadoras. Tan solo en el condado de Johnson, donde tuvo lugar la manifestación sonora, se utilizaron cámaras de vigilancia de la red Flock para recolectar pruebas y procesar a una mujer por presuntamente haberse practicado un aborto de manera autónoma. Durante la detención inicial de las y los Prairieland Defendants en la cárcel del condado de Johnson, una mujer encarcelada (ajena a este caso) fue obligada a dar a luz en su celda y solo después fue trasladada a un hospital.[9] El alguacil del condado fue arrestado y liberado bajo fianza por cargos no relacionados de acoso sexual, manipulación de testigos y perjurio agravado. Al más puro estilo texano, tras hacerse pública esta información se realizó un mitin en el pueblo en apoyo al alguacil, y un juez le permitió continuar desempeñando su cargo.[10]

Esta última anécdota refleja las dinámicas sociopolíticas del área de Dallas–Fort Worth y, de manera más amplia, de Texas. Todo el mundo conoce el estereotipo del vaquero texano pendenciero, armado y amante de la libertad, pero la imaginación de la libertad en Texas fue concebida bajo las violencias constitutivas de dos mundos: la plantación esclavista y el colonialismo de asentamiento en la frontera. A un nivel más concreto, la vida social está fuertemente influida por iglesias evangélicas y por sus alineamientos políticos apenas velados. La interacción social queda determinada por la iglesia a la que se decide asistir —o no asistir—. La contracultura no corre con mejor suerte. Con frecuencia, lo que pasa por radical es el apoyo abierto al Partido Demócrata o a sus críticos socialdemócratas. Aunque no se trata de una dinámica nueva, limita de manera profunda la imaginación política. Un ejemplo de ello es que se organizó un concierto punk a beneficio para recaudar fondos en apoyo a las y los Prairieland Defendants; sin embargo, Growl Records, el recinto que inicialmente había programado el evento y que regularmente alberga conciertos punk, se retiró tres días antes de la fecha prevista, con el argumento de mantener el espacio como un “lugar seguro” para ambos lados del espectro político, es decir, seguro para simpatizantes de Trump. Además, se alega que el propietario de Growl es amigo de agentes policiales que le informaron que el evento sería vigilado y que se realizarían detenciones por el uso de lenguaje considerado como “intentos” de incitar a un disturbio. Esta cobardía no es un hecho aislado: bandas locales de crust punk han solicitado permisos para generar ruido cuando se les ha invitado a tocar en espacios ocupados. Afortunadamente, se consiguió un lugar alternativo a última hora; sin embargo, este episodio es emblemático de la estupidez y la cobardía política de las comunidades punk y afines a la escena punk locales, a pesar de su diversidad étnica, su composición mayoritariamente obrera y, sobre todo, su pose radical.

Por decir lo menos, para las decenas de personas que vivimos en el área metropolitana de Dallas–Fort Worth y que buscamos activamente —y trabajamos— por la destrucción de una concepción colonial-esclavista de la libertad que nos asfixia y que es tan fácilmente exaltada por personas de todos los sectores sociales, se trata de una lucha cuesta arriba. A pesar de las graves implicaciones legales de este caso, existe muy poco apoyo local para las y los acusados, ya sea por simple ignorancia o porque son descartados como “extremistas locos” o algo peor. La mayor parte de la “organización” queda relegada a espacios digitales como servidores de Discord o chats grupales de Signal, debido al desarrollo suburbano de baja densidad que caracteriza a toda el área metropolitana, lo cual hace que incluso los desplazamientos más simples en automóvil duren regularmente más de 30 minutos. Por supuesto, existen proyectos presenciales y cumplen una función importante como oasis de respiro radical; sin embargo, si somos honestos con nosotras y nosotros mismos, rara vez llegan a convertirse en algo más que grupos de supervivencia o grupos de estudio sobredimensionados, con asistencia fluctuante. Podemos contrastar el caso Prairieland con la reciente e inspiradora movilización antirrepresiva en torno al arresto de Sam Turnick en Atlanta, que por supuesto se produce a raíz del momento de Stop Cop City y de la comunidad radical más robusta que lo precedía.[11]

Existe una historia o tradición radical escasa de la cual aprender. De manera significativa, y a pesar de las tensiones raciales existentes, en Dallas estuvo ausente la organización militante y la agitación durante el célebre “largo y caluroso verano del 67” y su estela en la década de 1970. Las concentraciones y marchas, especialmente las provenientes de la izquierda, son relativamente poco frecuentes y de baja intensidad. Cuando llegan a ocurrir, puede darse por seguro que estarán fuertemente vigiladas por activistas excesivamente celosos o por grupos como los Brown Berets y otros comunistas estatistas, como el PSL y los grupos fachada del FRSO. Para un análisis más detallado de estas dinámicas, pueden consultarse los dos últimos reportbacks publicados en Haters Cafe, en noblogs.[12] Hasta la fecha, y hasta donde alcanza la memoria, solo ha habido dos pequeños disturbios en el área de Dallas–Fort Worth protagonizados por personas fuera de los muros de las prisiones. El primero ocurrió tras el asesinato del niño de 12 años Santos Rodríguez en 1973; el segundo, durante la rebelión por George Floyd en 2020. Este último se limitó, en realidad, a la rotura de algunos vidrios y pintas en negocios en proceso de gentrificación: un listón bajo, pero mejor que nada.

Ya sea por los modales sureños o por un miedo genuino, la desobediencia abierta frente a las jerarquías rara vez se manifiesta. Se le da la razón al policía de frente y se le hace un gesto obsceno cuando da la espalda; ¡verdaderamente, el espíritu texano es pendenciero! La colaboración de los gobiernos locales con ICE es la norma, y designaciones como “ciudad santuario” o similares son recibidas, con razón, con burlas y escepticismo. La vergüenza y la ostracización son disuasivos para que la gente —incluidas hijas e hijos de personas migrantes— se incorpore a organizaciones como ICE o la CBP. Al final del día, todas y todos tenemos que asegurar el sustento, y mejor aún si es al servicio de un país al que “nos” educaron para ser patrióticos y agradecidos.

Cualquier resistencia sostenida —quizá descrita con mayor precisión como evasión— frente a ICE o al Estado en general ocurre en lo cotidiano. Las comunidades indocumentadas ya cuentan con una vasta experiencia en eludir al Estado, tanto desde sus lugares de origen como a lo largo de anteriores oleadas de represión migratoria. Recientemente ha aumentado el reporte de actividades de ICE en zonas de Dallas con mayoría latina, pero las acciones previas de los llamados grupos de respuesta rápida se ven obstaculizadas por la distancia entre vecindarios y la rigidez de la vida laboral. En su lugar, las familias y amistades indocumentadas se apoyan mutuamente: comparten la ubicación de retenes migratorios en grupos de WhatsApp, inician sus traslados más temprano por la mañana antes de que se instalen los retenes, y falsifican renovaciones de registros vehiculares u otros trámites burocráticos necesarios.

Los lazos sociales, tanto los de parentesco como los elegidos, son fundamentales para llevar víveres a quienes no pueden salir de sus hogares o para reunir fondos mediante rifas o fiestas. Por supuesto, no somos acríticos respecto de las dinámicas problemáticas desde las cuales puede operar este apoyo, ni confundimos estas prácticas con una supuesta “anarquía morena” latente, ya que la orientación de muchas de estas acciones apunta más bien hacia la integración —e incluso el orgullo— en el sostenimiento de la sociedad capitalista estadounidense en general. Sin embargo, a la luz de estas prácticas, las habilidades y “mejores prácticas” recomendadas en textos como States of Siege de Ill Will resultan pueriles para quienes crecimos y estamos inmersos en comunidades indocumentadas. ¿Acaso los así llamados “revolucionarios” no tienen nada más que ofrecernos?
Redactamos este informe no solo para quejarnos del estado de la política radical en DFW, sino para subrayar las probabilidades en nuestra contra. No buscamos socavar el trabajo del Comité de Apoyo DFW ni el de otras compañeras, compañeros y colectivos; sin embargo, la comunidad aquí en Texas es pequeña y carece de conexiones con redes más amplias. Haters Cafe tampoco está exento de responsabilidad: hasta ahora hemos fracasado en cultivar una capacidad de impulso que permita generalizar una comprensión de la rebelión más allá de lo espectacular y lo recuperativo (es decir, marchas, activismo, organizaciones, etc.), o en construir una contranarrativa sustantiva que combata la profunda aceptación —y aspiración— hacia los ideales suburbanos estadounidenses que predomina en gran parte de la población. Con frecuencia se asume que las personas racializadas, tanto migrantes como nacidas aquí, son resistentes a estos valores; esta suposición no solo es condescendiente, sino sencillamente falsa. Existen diversas causas para este fracaso en articular una contranarrativa, que van desde graves quiebres interpersonales hasta las demandas constantes de la vida cotidiana. Pero en lugar de narrativas esperanzadoras autocelebratorias que promueven estrategias fallidas y sin salida, lo que se necesita son diagnósticos honestos de las condiciones reales sobre el terreno. Dallas no es Nueva York, no es Seattle, no es Portland, no es Los Ángeles, no es Chicago. Dallas es el resto de Estados Unidos cristalizado en el espacio y en la ideología, y necesitamos su solidaridad y apoyo desde fuera para atravesar este ciclo de represión y salir del otro lado más fuertes y mejor preparados para las inevitables oleadas que vendrán.
Entre las formas de mostrar solidaridad con las y los Prairieland Defendants se encuentran las prácticas ya probadas de la escritura de cartas, la recaudación de fondos y la organización de eventos de difusión. Les animamos a ser creativas y creativos, y a actuar de manera descentralizada. Observen cómo la gente en sus propios contextos ya se está organizando. No es necesario pedir permiso al Comité de Apoyo DFW; basta con informarles si consideran que una mayor visibilidad puede resultar útil. En el sitio prairielanddefendants.com pueden encontrar la información de contacto y de commissary de las personas acusadas, así como un enlace para unirse al canal de anuncios del Comité de Apoyo DFW en Signal. Para contactar al comité de apoyo y resolver dudas adicionales, pueden escribir al correo electrónico: dfwsupportcommittee [arroba] hacari.com.
[1] https://www.kinimatorama.net/event/182402
[2] https://haters.noblogs.org/zines/
[3] https://thefinalstrawradio.noblogs.org/post/2025/05/04/former-uprising-defendant-from-ice-detention-angel-espinosa-villegas/
[4] https://www.npr.org/2025/11/03/nx-s1-5591478/radio-diaries-columbia-protester-leqaa-kordia-is-still-detained
[5] https://theintercept.com/2025/11/23/prairieland-ice-antifa-zines-criminalize-protest-journalism/
[6] https://www.keranews.org/news/2025-10-30/north-texas-yaakub-vijandre-ice-transfer-georgia%5D(https://www.keranews.org/news/2025-10-30/north-texas-yaakub-vijandre-ice-transfer-georgia
[7] https://freetex.noblogs.org/post/2025/08/13/tothefreeworld/
[8] https://www.texastribune.org/2025/12/09/arlington-texas-lgbtq-discrimination-protections/
[9] https://www.keranews.org/criminal-justice/2025-09-08/woman-gives-birth-johnson-county-jail%5D(https://www.keranews.org/criminal-justice/2025-09-08/woman-gives-birth-johnson-county-jail
[10] https://www.wfaa.com/article/news/local/no-decision-in-civil-case-to-determine-whether-johnson-county-texas-sheriff-accused-of-sexual-harassment-can-remain-sheriff/287-8eea9f54-e4d0-4d6d-b2b4-6fbca6aebbe5
[11] https://atlpresscollective.com/2025/12/05/samuel-tunick-atlanta-activist-arrest/
[12] https://haters.noblogs.org/post/2025/06/20/reportback-our-enemies-in-yellow/
